Desalentador diagnóstico por contaminación en lago Llanquihue: “Siempre hay un primer daño que es irreparable”

Estefanía González, coordinadora de campaña Océanos de Greenpeace, conversó con El Ciudadano sobre la delicada situación que enfrenta el cuerpo lacustre de la X región. La especialista advierte que descontaminar un cuerpo de agua "es súper complicado, porque se traslada la contaminación".

Felipe Menares Velásquez

Inquietud está causando la contaminación presente en el lago Llanquihue (región de Los Lagos), el segundo más grande de Chile tras el General Carrera (región de Aysén). El alcalde de Puerto Varas, una de las comunas en la ribera del cuerpo lacustre (junto a Puerto Octay, Frutillar y Llanquihue), responsabilizó a la Empresa de Servicios Sanitarios de Los Lagos (ESSAL) de verter aguas servidas en el lugar.
Ramón Bahamonde, edil de Puerto Varas, presentó una demanda en el Tercer Tribunal Ambiental de Valdivia, con el fin de «ordenar a ESSAL reparar el daño ambiental causado por su actuar negligente e ilegal respecto de las aguas servidas lanzadas al lago Llanquihue sin tratamiento, provocando un aumento considerable en los caudales que deben tratar ya que no cuentan con un medidor de caudal ni tratamiento previo, por lo que se debe activar la descarga en los aliviaderos [NdR: de tormenta]», según se lee en el documento ingresado el pasado 2 de agosto.
El 4 de agosto, el alcalde fue entrevistado por Patagonia Radio TV, espacio en el que detalló los hallazgos en época estival. «Me llamaron a observar la proliferación de algas de una dimensión jamás vista en el borde costero de Puerto Varas», señaló en la ocasión.
La situación mantiene en alerta a la comunidad y a las instituciones públicas. El municipio ofició a 15 reparticiones relacionadas con la materia; además, se constituyó una mesa técnica presidida por el seremi de Medio Ambiente, que cuenta con la participación de la Superintendencia de Servicios Sanitarios, Dirección General de Aguas, Dirección de Obras Hidráulicas, Servicios de Evaluación Ambiental, Superintendencia de Medio Ambiente, Gobernación de Marítima y el Municipio de Puerto Varas.
Paralelamente, la fiscalía se encuentra investigando las causas de la contaminación en el Llanquihue y la Armada ya instruyó la realización de dos sumarios, como confirmó el capitán de puerto de «la ciudad de las rosas», Cristián González, a El Mercurio.
Desde el municipio han advertido que el lago podría ser declarado como un «cuerpo de agua contaminado», puesto que «cada vez que llueve, el sistema de alcantarillado de Puerto Varas aumenta su caudal en más de un 100%, lo que obliga a lanzar aguas servidas sin tratamiento al lago Llanquihue, provocando un aumento considerable en los caudales que deben tratar», según se afirma en la demanda.
«El llamado es a la política pública»
Estefanía González, coordinadora de la campaña Océanos de Greenpeace, explica a El Ciudadano que aún no es posible dimensionar el daño total que las aguas servidas ocasionaron en el lago Llanquihue, puesto que «todo va a depender de cuáles son esos niveles de contaminación y la composición de esa contaminación”. En ese sentido, explica que «hay una investigación en curso, pero sin duda esto tiene un impacto en las diferentes especies que viven en el lago».
Respecto del florecimiento algal reportado por el alcalde Bahamonde, la representante de Greenpeace describe que «cuando se tiran desechos a los cuerpos de agua, ya sea al mar, ríos o lagos, ocurre que todos estos desechos son altos en nutrientes, que son una de las condiciones para que se desarrollen florecimientos algales». En el fondo, concluye, «es como alimentarlos».
«Lo grave con este tipo de episodios es que muchas veces es difícil saber qué se le echó realmente al agua, porque una vez que la contaminación ya esta hecha, es muy difícil saber cómo estaba el agua antes de que se hiciera la contaminación», agrega.
A pesar de que ESSAL se ha defendido acusando conexiones ilegales de sumideros de aguas lluvias al sistema de aguas servidas, el daño ya está hecho, aun cuando se tomen medidas con posterioridad.
«Siempre hay un primer daño que es irreparable, que es cuando la contaminación llega a un determinado lago y esa contaminación interactúa con la biodiversidad, con las especies que pueden haber en el lugar. Ese impacto ya ocurrió y hay poco que hacer con eso», comenta Estefanía González.
Mientras no se entreguen resultados sobre las distintas instancias que analizan la situación, es difícil establecer un plazo para su reparación. Según explica la coordinadora de campaña Océanos de Greenpeace, cualquier intento por reparar el daño ambiental en la zona pasa por las medidas que se tomen con este tipo de descargas en el futuro y por la planificación del territorio, con el fin evitar que este tipo de contaminación nuevamente.
«El llamado es a la política pública, porque estamos muy al debe en función de poder generar propuestas más de largo plazo, que eviten estar reaccionando frente a estos “incendios”. En el fondo, es como que se nos prende un “incendio” todos los días en Chile, los vamos apagando uno por uno, en lugar de tomar decisiones de política pública medioambiental, que eviten que esto vuelva a ocurrir en el lago Llanquihue, en Chiloé y en cualquier zona del país», expone.
De todas formas, uno de los mayores obstáculos reside en la cualidad acuosa del medio contaminado. De acuerdo a lo planteado por Estefanía González, «los cuerpos de agua son súper complicados, no es como en la tierra donde hay menos interacciones. Al ser fluido, es súper complicado, porque se traslada la contaminación, entonces, es complejo poder establecer medidas que la saquen y que sean 100% efectivas».




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