Chile: Crisis en apicultura por culpa de los agrotóxicos. Sin abejas, no hay alimentación”

Hoy se llevará a cabo una movilización nacional en favor de la protección de las abejas y contra la ley apícola que se discute en el Congreso.

Gabriel Muñoz

Ataviados con las indumentarias características del rubro, hombres y mujeres exigirán el próximo 16 de agosto ser escuchados por el representantes del poder legislativo en Valparaíso, a fin de acabar con el envenenamiento de los campos y en busca de revertir la inconsciencia que prima entre los organismos fiscalizadores del uso de desinfectantes en las faenas agrícolas.
El Ciudadano conversó con Isabel Tagle, apicultora de la localidad de Casablanca y férrea defensora de los insectos polinizadores. “Además de producir alimento, generan medicamentos. Las abejas son indispensables para todo el sector agricultor, tanto para aumentar la producción como para la calidad. Entonces, es incoherente que por un lado las necesiten y, por otro, no tomen las medidas para mantenerlas vivas. Las matan usando químicos que no solo las dañan a ellas sino también a nosotros.”
Falta de regulación
Isabel Tagle aclara que es independiente pero apoya la lucha de los apicultores. “Todos los apicultores nos conectamos y somos uno solo. No se necesita participar de una agrupación. El tema fundamental es salvar las abejas y para eso no necesitamos una agrupación sino sólo ser apicultores, ya que nuestro objetivo es transversal”, afirma.
Crítica con el manejo que se ha dado desde comienzos de la crisis apícola -hace más de una década-, ella cree que hace falta un legislación que proteja a las abejas. “Las abejas son estratégicas, son un elemento vital para la sociedad y el mundo. Sin las abejas, no hay alimentación. Eso hay que entenderlo sobre todo con un marco de crecimiento de la población aceleradísimo, un cambio climático que debilita las fuentes de alimentación futura. Las abejas y todos los polinizadores son esenciales y están en una grave crisis por los agrotóxicos”, denuncia.
Asimismo, es enfática en declarar los tipos de químicos que no debieran usarse en faenas agrícolas. “No debieran usarse desinfectantes como los neonicotinoides, sobretodo en la época de floración. El tiatomexan debería estar absolutamente prohibido. Además, las desinfecciones deberían hacerse en las noches, cuando las abejas están en sus colmenas. Debiéramos ser avisadas por lo menos con 72 horas de anticipación, para tomar las medidas precautorias necesarias. Es un tema de conciencia. En la Unión Europea tienen suspensión de agroquímicos porque saben que producen problemas en los circuitos cerebrales de las abejas y éstas no pueden volver. Eso pasa hace una década y cada vez disminuyen más”, señala.
Este grave problema ya ha tenido repercursiones en todo el orbe. Hace unos años EE.UU. y China perdieron casi todas sus abejas. En el último mes , más de 200 colmenares se han perdido en la región. La ley dice que se tiene que avisar al Servicio Agrícola Ganadero (SAG) y los habitantes a 200 metros a la redonda, cuando se vaya a fumigar, lo cual es un sinsentido porque se sabe que las abejas merodean hasta a 3 km desde dónde se ubican sus colmenares. Por ello, no es raro constatar casos como el sucedido en 2016, cuando un apicultor de Teno hizo la denuncia por la intoxicación de sus 250 colmenas. “El SAG fue a ver el lugar pero ni siquiera se bajó de la camioneta” fue la denuncia del apicultor afectado, Claudio Soto. Ante tal ejemplo, la señora Isabel cree que “el SAG cumple con la reglamentación y punto. Nosotros estamos en tierra de nadie, las abejas tendrían que ser ‘ganado alado’ sino quedan fuera de su jurisdicción”.
Justas demandas
Las y los apicultores están haciendo sentir su malestar. Quienes están por reformas a la legislación han intentado acercarse al Parlamento, a fin de ser escuchados. Sin embargo, los intereses son otros y los esfuerzos legislativos no van encaminados en hacer una ley que sirva para la protección de los insectos estratégicos, como son las abejas.
“Ellas polinizan 1/3 de lo que comemos, o sea fallan las abejas y todo lo hortofrutícola queda en crisis.Y eso que no estamos hablando de los otros polinizadores (avispas, mariposas, picaflores, escarabajos) que también sufren y están en riesgo. Y ahí estaríamos hablando de ¾ de lo que comemos. Es realmente una locura, no puedo entender que no exista conciencia. Todos vamos a salir dañados”, clarifica la apicultora de Casablanca.
El panorama es sombrío. Si se lleva la miel a análisis, probablemente aparezcan trazas de químicos, tal y como pasa en los alimentos. “Desde el momento en que la semilla se fumiga, sumado a los arboles y plantas fumigados permanentemente, nosotros almacenamos en el cuerpo estos residuos. Nuestras abejas son un factor estratégico importante. Con todos los problemas, se vuelven más relevantes. Tendríamos que cuidarlas como hueso santo. Pero como somos bastante esquizofrénicos como especie, estamos ante una grave crisis”, diagnostica la señora Isabel.

Fuente: elciudadano.cl

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